A mí me importa un huevo.
A mí me importa un comino.
A mí me importa un rábano.
A mí me importa un pepino.
Este poema juega con el doble sentido: importación significa "traer de fuera un bien o una mercancía que no se encuentra en el país de uno" e importar también significa "tener valor o interés para alguien. Además el poema está construido mediante la repetición de la misma estructura sintáctica (paralelismo) en los cuatro versos: una repetición, pues, anafórica. La rima es consonante y los versos son de arte menor.
Este poema es un claro ejemplo de que el lenguaje literario pretende ser vidriera (José Hierro), porque las palabras están dispuestas para crear belleza, causar impacto.
Una imagen y una personificación (la luna se come al murciélago cuando desaparece en la oscuridad) bastan para conciliar el sueño.
La magia del poema sólo se percibe si atendemos al humor de Raúl Vacas al trivializar: un trascendente contacto interplanetario se convierte aquí en un risible ligoteo terrenal; la relación entre humanos y extraterrestres, en un intercambio entre unos nórdicos y unas raciales morenas españolas, a las que, por cierto, les bastan tres frases para que surja el flechazo.
¡Qué prisas se da el amor... en esas galaxias!